Soneto Antonio Gala
Quien podría decirle qué bien huele
a la rosa,en su tallo ensimismada?
¿Como poder quejársele a la espada
de que su voz de acero corta y duele?

¿Es enero culpable de que hiele
los ramos olorosos su su llegada?
¿Puede el amor, que alegra la mirada,
impedir que el amor la desconsueele?
Trazan las firmes rayas de la vida
en la mano la red de sus caminos
como una oscura e incurable herida.
Nadie elige ni muda los destinos:
cuando más necesita su venida
se van del olivar los estorninos.




